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Cuando la historia rebasa a la técnica: radiografía de la sentencia más importante de todos los tiem



Existen dos sentencias de la Suprema Corte de Estados Unidos que han sido analizadas y discutidas hasta el cansancio. La primera es la sentencia del caso Marbury v. Madison, mediante la cual se define la potestad jurisdiccional del judicial review que le permite revisar la constitucionalidad de los actos emitidos por otros órganos del Estado.


Esta sentencia es una pieza angular teórica e histórica que justifica las funciones de revisión constitucional que tienen los jueces en todo el mundo. No existe un abogado que no conozca su contenido y que no ha ya debatido hasta el cansancio sobre todos los posibles alcances que la misma puede tener.


Marbury es una sentencia que ha querido ser explicada desde diversas disciplinas. Así, para algunos autores Marbury es una sentencia que le permitió a Marshall tener un instrumento de protección en contra de la política populista de Jefferson[1] o incluso como un caso derivado del de Stuart v. Laird y el grave problema político que se vivía con los nombramientos de jueces federales por el Presidente Adams poco antes de concluir su administración.[2]


Incluso, se ha llegado a decir que Marbury debería estar fuera de las curricula de las escuelas de derecho de todo el mundo, ya que se trata de una sentencia que no puede ser entendida sin el debido contexto histórico y político.[3]


La segunda es la sentencia de Brown v. Board of Education of Topeka[4], mediante la cual la Suprema Corte declaró inconstitucional la segregación racial en los Estados Unidos.


Brown es una sentencia especial por ser el caso que terminó con la segregación racial como política gubernamental en los Estados Unidos de Norteamérica.


No obstante, es una resolución que llama la atención por no atenerse a los cánones formales y materiales de lo que una decisión judicial debe ser. Brown es una sentencia escueta y lacónica que no usa precedentes para sostener el razonamiento y que se redactó en un inglés accesible a todas las personas evitando cuestiones tecnicismos jurídicos. Es decir, una resolución que se presenta como la antítesis de lo que una sentencia de la más alta jurisdicción constitucional sobre el tema más importante del siglo debe contener y decir.


¿Qué razones explican que Brown sea una sentencia atípica en su forma y argumentación? ¿No tendría que ser una sentencia que estableciera de forma clara la prohibición de cualquier forma de discriminación?


Durante años Brown ha sido considerada como la sentencia más importante en la historia de los Estados Unidos, no solamente por su simbolismo y alcance político, sino también por ser la sentencia que finalmente pudo corregir una injusticia histórica hacía la minoría afroamericana y que permitió terminar con un sistema de discriminación institucionalizada en cada aspecto de la vida pública (transporte, escuelas, parques, etc.)


Muchos autores han tratado de descifrar esta sentencia desde parámetros políticos, económicos, sociológicos o psicológicos. Es un texto de tal relevancia que sus palabras siguen siendo materia de las más diversas interpretaciones, incluyendo la que considera que esta sentencia es un paso en la dialéctica de la evolución de la igualdad racial en Estados Unidos.[5]


El punto central de la argumentación de Brown es que la segregación en la educación pública rompe con el principio de igualdad entre las personas ya que genera un sentimiento de inferioridad en los afroamericanos que repercute en su educación y crecimiento personal.

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La Suprema Corte llegó a esta conclusión después de hacer un análisis de diversos estudios psicológicos/sociológicos sobre el impacto de la segregación en las personas, en especial el estudio llevado a cabo por k.b. Clark.[6]


Las pruebas psicológicas que fueron utilizadas en este caso son profundamente problemáticas en diversos niveles. Daryl Scott especula que la investigación psicológica que fue utilizada para sustentar la sentencia de Brown es errónea y genera muchos problemas al ser aplicado a situaciones concretas.[7]


La prueba que Clark y otros sociólogos aplicaban era algo más o menos así. Se presentan dos muñecas (os), uno con rasgos caucásicos y otro con rasgos afroamericanos, a niñas(os) afroamericanas y se les pregunta cual es el muñeco bueno. La mayoría de los menores apuntan hacía el muñeco caucásico y cuando se les pregunta con cual muñeco se asocian en un plan personal, prefieren no responder la pregunta. Así, parece ser muy claro el daño que genera la segregación.


Lo que nunca se dijo, y se infiere del estudio de Clark, es que las niñas y niños afroamericanos del norte del país que tenían estos problemas eran aquellos que iban a escuelas integradas. Las niñas y niños del sur no respondían de la misma manera y no tenían problema en reconocerse a si mismos como buenas personas, a pesar de estar registrados en escuelas segregadas.


Parece entonces que los problemas de esta minoría no derivan de convivir entre ellos, sino de convivir con otra cultura que es mayoritaria, en el caso de Estados Unidos la cultura de la mayoría caucásica.


Por tanto, la Corte Warren eligió pruebas científicas erróneas para sostener su sentencia. La segregación racial es reprobable por muchas razones morales, éticas y jurídicas, solamente que no por la razón que la Suprema Corte determinó en su sentencia.


Robert Bork, juez federal que ha sido criticado por tener un perfil extremadamente conservador, señaló que el uso de estudios sociológicos deslució lo que tendría que haber sido un momento majestoso del derecho constitucional mediante el reconocimiento de que el Estado no puede distinguir entre personas en atención a su raza.


En pocas palabras, parece que la Suprema Corte se equivocó al momento de elegir el argumento y la ciencia para poner un alto a las políticas segregacionistas de los Estados del Sur.


¿Qué razón tendría la Corte para utilizar un estudio que en sí mismo no decía gran cosa y del cual era posible inferir conclusiones diversas? La respuesta según Scott puede ser que de esta manera se personaliza la lucha de la minoría afroamericana en vez de ser un problema abstracto.


El problema constitucional que se debatió no es uno de no acceso a la vida política u otro tipo de oportunidades, sino que han sido lastimados en la representación que tienen de ellos mismos. Es una cuestión de un daño psicológico que le ha sido causado desde hace más de 200 años. Warren trató de manufacturar un argumento que fuera vendible para la mayoría caucásica, especialmente la del sur.


No obstante, visto en retrospectiva el argumento es bastante ofensivo para la minoría afroamericana, puesto que invierte la carga de la prueba y señala que el problema reside en aquellos que han sufrido el daño y no propiamente en los que lo han generado.


El Chief Justice Warren necesitaba una sentencia unánime, en la que fuese evidente que existía una opinión consensuada entre los Justices. De esta forma, tergiversando las pruebas científicas y evitando establecer una regla clara de derecho que pudiera comprometer a la Corte en un futuro, es que Earl Warren obtuvo unanimidad de votos.


De esta forma es posible entender la forma y fondo de Brown. Una sentencia que prefiere no evidenciar las profundas injusticias de un sistema inveterado de violencia racial y simplemente romper con ello mediante un argumento científico. La única manera de dar un paso adelante era de reconocer que algo estaba mal y ver hacía adelante. Brown no es una sentencia de una corte constitucional, sino un rompimiento político con un régimen y una historia.


Entre más sencillo, limitado y compacto el argumento, menos posibilidades de ser criticado y más posibilidades de ser votado por todo el espectro ideológico de la Suprema Corte. Brown nunca pretendió ser un precedente para la posteridad, sino una sentencia que terminara de tajo con prácticas injustificables en una democracia constitucional.


La forma en la cual se redacta una sentencia dice mucho sobre su historia y sobre aquello que no se quiso decir. Brown es el claro ejemplo de que muchas veces las sentencias no dicen lo que un abogado espera no porque los jueces no lo hayan pensado o debatido, sino porque no eran cuestiones que podían resolverse en atención al contexto jurídico, político e histórico de ese momento. Lo no dicho es igual de importante que aquello que se dice. En palabras del clásico, la forma es fondo.



[1] Paul W. Kahn. The Reign of Law. Yale University Press. 1997.


[2] Bruce Ackerman. The failure of the founding fathers. Belknap Press. 2005.


[3] Sanford Levinson. Why I do not teach Marbury (except to Eastern Europeans) and why you shouldn’t either. 38 Wake Forest L. Rev. 553 2003


[4] U.S. Supreme Court, Brown v. Board of Education of Topeka, 347 U.S. 483 (1954)


[5] Geyet, Christine A., "(re)Constructing a Landmark: A Rhetorical Analysis of Brown v Board of Education at Fifty" (2013). Writing Program – Dissertations. Paper 35.


[6] K.B. Clark, Effect of Prejudice and Discrimination on Personality Development (Mid-century White House Conference on Children and Youth, 1950); Witmer and Kotinsky, Personality in the Making (1952), c. VI; Deutscher and Chein, The Psychological Effects of Enforced Segregation A Survey of Social Science Opinion, 26 J.Psychol. 259 (1948); Chein, What are the Psychological Effects of Segregation Under Conditions of Equal Facilities?, 3 Int.J.Opinion and Attitude Res. 229 (1949); Brameld, Educational Costs, in Discrimination and National Welfare (MacIver, ed., 1949), 44-48; Frazier, The Negro in the United States (1949), 674-681.


[7] Daryl Scott, Contemp and Pity. UNC Press, 1997.