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¿Seremos controlados por las inteligencias artificiales? Sí, pero no como te lo imaginas.



Todo empieza cuando un día decides que dejarás de hacer ciertos razonamientos o tomar ciertas decisiones. Aceptas con gusto ceder estas operaciones diarias a una máquina inteligente. En un principio este arreglo parece inmejorable puesto que te has quitado de encima actividades repetitivas y tediosas y ahora tienes más tiempo libre para hacer lo que te gusta.


Así, con el paso de los años vas cediendo diversas actividades que te eran propias a robots, plataformas digitales y algoritmos. Un día despiertas y te das cuenta de que no puedes hacer cierto tipo de cosas como manejar, escribir, o comunicarte con otras personas si no pasas forzosamente por alguna de estas inteligencias sintéticas. Estás atrapado. Tu posibilidad de acción se encuentra limitada a aquello que las máquinas pueden hacer.


Jaron Lanier advirtió hace poco que el verdadero problema con el internet y los mundos virtuales que de él pueden derivar es la estandarización que las plataformas digitales nos imponen para entender y procesar la realidad.[1] El mundo se procesa mediante cierto tipo de preguntas y respuestas, con lo cual se deja fuera un gran número de matices y “peros” que no encuentran cabida en un mundo binario.


El escenario catastrófico para nosotros no será el previsto por la película Terminator (y secuelas), en el cual una inteligencia sintética tipo Skynet superior a nosotros se rebela y termina por esclavizar a los humanos. Más bien, lo que va a pasar es que nos volveremos dependientes de lo que hagan las máquinas hasta el punto en el cual no será posible llevar a cabo funciones básicas sin ellas.


Poco a poco hemos dado a las máquinas poder de decidir sobre lo que hacemos, bajo la premisa de que toman mejores decisiones de forma más rápida. De seguir este camino, es muy probable que en un futuro no muy lejano la complejidad de las operaciones que sean necesarias para mantener nuestro sistema económico y tecnológico sólo puedan ser realizadas por las máquinas. En este momento, tratar de apagarlas o quitarles poder de decisión sería un suicidio. Aquí es justamente donde se encuentra lo más terrorífico de esta situación. No podremos bajar el interruptor de las máquinas, así sea lo que más nos convenga o queramos.


Todo adelanto tecnológico representa una limitación intrínseca a la libertad de las personas. Una vez que la tecnología llega a nuestras vidas, resulta imposible sacarla, muchas veces la tecnología no se va, simplemente evoluciona. El problema es que ordenamos nuestras vidas en función de los parámetros mismos que define la tecnología. Parte de nuestra falta de entendimiento de la realidad actual deriva de que no entendemos que la organización profunda de nuestra sociedad responde a la tecnología y no propiamente a un modelo constitucional específico.


Un ejemplo de lo anterior es el automóvil, el cual ha redefinido la estructura urbana en atención a darle prioridad de paso. Antes los hombres eran libres de caminar a donde quisieran. Ahora esa libertad se encuentra sometida a las avenidas y calles construidas específicamente para la circulación de los coches.[2] Sin querer, dejamos que una tecnología que estaba pensada para liberarnos y permitir recorrer grandes distancias de forma autónoma, terminara definiendo los lugares a los cuales podemos ir.


Por tanto, creo que nuestro apocalipsis frente a las máquinas será un problema de haber cedido más que una rebelión armada para esclavizarnos. Seremos nosotros mismos los que entraremos poco a poco, y de manera consciente, en una servidumbre involuntaria. En atención al nivel de desarrollo de la capacidad computacional de las máquinas[3] y los avances en materia de inteligencia artificial con máquinas que ya aprenden a procesar información de forma autónoma.


[1] Jaron Lanier. Contra el rebaño digital. Random House. Barcelona. 2014.

[2] Ivan Illich. Obras Reunidas. Tomo I. Fondo de Cultura Económica. México. 2006.

[3] La Ley de Moore establece un crecimiento exponencial de la capacidad de computar de un procesador.

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